El banco

Empezaba a oscurecer cuando una anciana se sentó a mi lado en el banco. Tenía la cara arrugada y el pelo blanco, pero ese brillo en los ojos no lo había perdido aún.Ese brillo que un día yo dejé de buscar.— ¿Me puedo sentar?— Claro—respondí.— ¿Sabes? Antes solía venir a este banco con mi marido, ahora solo me acompaña desde el cielo.— Lo siento.— No te disculpes, es el ciclo de la vida, y no se puede cambiar.— ¿Hace mucho?— Hace ya dos años.En ese momento, me sentí apenada por ella. Nunca sabes lo que hay detrás de cada persona.— Había una cosa que él siempre decía—añadió, —“cuando yo ya no esté aquí, sigue viviendo por mí”.

Najara Papala

Cuando el reloj marca las 3:14

Aún eran las 3:14 de la mañana. Esa voz seguía sonando en mi cabeza.Me giré, apreté los ojos, traté de hundirme en la almohada… Nada. Esa voz seguía ahí. No era real, no podía serlo.Respiré hondo. Conté hasta diez, hasta veinte… No servía de nada.El aire de la habitación estaba pesado, como si alguien más estuviera respirando a mi lado.No quise mirar, no quise moverme. Esa voz me susurró otra vez, justo al borde de mi oído.Aún eran las 3:14 de la mañana, y no estaba sola.

África

Mí caótica mochila

En mi mochila se a desatado el caos.El libro de lengua castellana se a enemistado con el libro de lengua inglesa, pues no se entienden entre si, y el diccionario no está para ayudarlos.El bolígrafo azul le a declarado abiertamente la guerra al corrector; ya no soporta que este le borre su trabajo una y otra vez.Las libretas se pelean entre si, ya que se les han enredado y deformado las anillas.Y la única que está en paz es la calculadora, intentando solucionar, sin mucho éxito, la guerra sin cuartel que se ha formado. ¿Cuándo estarán en paz?

Katherine Pierce

Llora el corazón

Son mis dedos callosos, que alguna vez fueron jóvenes, los que ahora tocan en la misma guitarra canciones tristes que alguna vez fueron baladas de amor. Expresan mejor que las palabras lo que mi corazón cuenta. Ahora, roto y hecho pedazos, llora por lo que alguna vez fueron promesas de un amor eterno, uno que prometía durar para siempre.

Starr