Cuando subía al metro una sacudida en el cerebro le frenó. Debía volver, no podía perder un instante. ¡Oh, cómo le había podido pasar, siempre tan meticuloso, tan vigilante!
Entró jadeante. Un círculo de personas estaban alrededor de su mesa. La sesión no cerrada se su ordenador, se había convertido en una ventana abierta a su intimidad. Las imágenes se sucedían consecutivamente y mostraban escenas íntimas de alcoba.
Aturdido habló: no deberíais tocar el mouse de nadie. Enormes carcajadas le ensordecieron. Su cabeza daba vueltas.
De pronto un rayo de luz le despertó.
Llegó a la oficina, encendió el PC, abrió su nube y en la carpeta “distracción”, pulsó “eliminar”. Su corazón latía con fuerza.
Badabadoc23