Cuando el reloj marca las 3:14

Aún eran las 3:14 de la mañana. Esa voz seguía sonando en mi cabeza.Me giré, apreté los ojos, traté de hundirme en la almohada… Nada. Esa voz seguía ahí. No era real, no podía serlo.Respiré hondo. Conté hasta diez, hasta veinte… No servía de nada.El aire de la habitación estaba pesado, como si alguien más estuviera respirando a mi lado.No quise mirar, no quise moverme. Esa voz me susurró otra vez, justo al borde de mi oído.Aún eran las 3:14 de la mañana, y no estaba sola.

África

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